Situada en el centro de Polonia, un recorrido turístico por ella (no se fíen de lo que les diga un polaco, para ellos un semáforo es turístico) te puede tener entretenido durante 4-5 horas (siendo generosísimo) a lo sumo. Pero para conocerla de verdad y descubrir todos sus encantos (alguno tiene, lo juro) no basta con siete meses.
Para analizar algo con objetividad, hay que saber abstraerse de las condiciones que le afectan a uno mismo en el momento de la crítica, más aún en algo tan subjetivo como puede ser una ciudad. Pero lo siento, nunca prometí no ser subjetivo, lo que para el 95% de la gente es una ciudad horrible y fría, para mí Łódż es un lugar lleno de encanto y así lo recordaré por siempre. Vale que la noche en que me recibió la niebla hacía pensar todo lo contrario,... pero tiene cientos de encantos por descubrir y disfrutar; desde uno de los cientos de bares ocultos que posee hasta ver cómo más de un pobre duerme abrazado a una alcantarilla para combatir el duro invierno polaco.
Pero vuelvo a lo de antes, una visita turística por la ciudad no duraría mucho, dar una vuelta por Manufaktura y Galeria, recorrer Piotrkowska (la calle comercial más larga de Europa, o al menos eso cuentan de ella...) y si hay tiempo, que lo habrá, perderse en el silencio de las miles de tumbas del cementerio judío. Si lo hacemos en un día lluvioso o nublado, mucho mejor.
La comida polaca no debe faltar, siempre habrá tiempo para probar unos pierogis (que no sean de kapusta, por favor) o una sopa calentita si hace frío (acompañada de un bułki recién horneadito,...). Y para rematar la jornada, perderte en su noche, sorprendentemente activa, Futurysta, Fabryka, Kaliska,... y amanecer en un piso, con el rey de Coffees & Toffees o con una polaca cualquiera, rubia a poder ser,...
Pero Łódż no es sólo eso, como bien dije antes y vuelvo a repetir, tiene muchos detalles más a descubrir. Puedes pasarte un año entero descubriendo garitos geniales a diario, bares, cafeterías, heladerías,... quizá magnificados en el recuerdo por la gente que me ayudó en su búsqueda. Cuidado con los tranvías (uwaga tramwaja), dando bandazos y dejándote las costillas contra sus barras metálicas puedes llegar a cualquier punto de la ciudad, como por ejemplo sus parques. Ay sus parques, repletos de ardillas, tumbas, árboles de todas las formas y colores dispuestos a abrazarte entre sus ramas,... También puedes pasarte una mañana de compras en uno de sus mercados callejeros, en los que por cuatro duros (o złotych) puedes comprar de todo, cocinas amuebladas, animales, comida, motos, ropa de primera, segunda y tercera mano,...
En la ciudad te puedes encontrar de todo; desde abuelos jugando al ajedrez, hasta pobres viejos totalmente borrachos (a cualquier hora del día) esperando en la parada del autobús; desde críos jugando a la pelota, hasta peleas entre jóvenes polacos, de esos polacos 4x4 de toda la vida, con sus cabezas rapadas y sus sillas al hombro,...
Pero todo toma otra dimensión cuando llega la nieve. La ciudad se transforma, gana en belleza, en frío, pasa de los 10 grados, a los 0, -10, -20,... Y las calles se convierten en muros blancos de medio metro de altura, y ves a esos entrañables viejos que limpian las aceras pala en mano, y te caes, y el viento te corta la cara, y aprendes a patinar,... y la ciudad toma unos tonos increíbles, y embellece aún más los atardeceres que regala toda ciudad del Este de Europa,...
Łódż, donde nunca llueve y siempre habrá charcos,...